En un momento en que la adopción de la IA se extiende cada vez más, la pregunta ya no es si esta tecnología va a transformar el trabajo. Eso ya está ocurriendo y empieza a hacerse visible en las tareas cotidianas de millones de personas. El desafío ahora pasa por entender qué habilidades humanas debemos seguir cultivando, dónde se está concentrando el verdadero valor económico de la IA y qué tareas conviene no delegar por completo, porque todavía requieren criterio, supervisión y responsabilidad humana.
Douglas Levin conoce esa transformación desde distintos ángulos: fundó Black Duck Software -una plataforma líder en seguridad de código abierto, cumplimiento de licencias y gestión de código, que fue adquirida por Synopsys por unos US$565 millones-, estuvo en puestos de alta dirección de Microsoft y, actualmente, es investigador ejecutivo en Harvard Business School y asesor académico en la Facultad de Derecho de Stanford. Su trabajo enfocado en inteligencia artificial, ciberseguridad, blockchain y estrategia tecnológica le permite analizar el impacto de estas tecnologías no solo desde una perspectiva técnica, sino también desde el punto de vista de los negocios, las organizaciones y la educación.
Durante su visita a la Argentina, dictó clases sobre cómo construir y escalar compañías AI-native en el IAE Business School y conversó con LA NACION sobre el presente y futuro de la IA.
Para competir con Meta. OpenAI presentó Dots y los nuevos agentes fallaron repetidamente
– Se habla muchísimo de quién tiene el mejor modelo de IA. ¿Estamos enfocándonos en el lugar equivocado? ¿Dónde creés que se está concentrando realmente el valor económico de la IA en este momento?
– Personalmente, me preguntan constantemente qué herramienta de IA uso y cuál es el mejor modelo. Y la respuesta es que el escenario cambia todo el tiempo. La IA está actualizándose constantemente, por lo que la vida útil de cualquier tecnología es muy corta.
Creo que lo importante es probar distintos tipos de tecnología y encontrar un buen mix de inteligencias artificiales. La experimentación es un principio fundamental en la IA, tenés que investigar constantemente cosas nuevas, porque hoy Claude puede ser la mejor, pero mañana ChatGPT puede superarlo y así sucesivamente. Además, algunos modelos son mejores en ciertas tareas: yo pienso que Claude es un poquito mejor escribiendo que OpenAI y considero que OpenAI es mejor en matemática que Claude.
Por otro lado, creo que el valor económico se concentra en la supervisión humana, lo que suelen denominar human in the loop. También son importantes los workflows de trabajo, esos procesos o tareas concretas dentro de una organización que pueden ser reemplazadas o automatizadas con IA. Y, por último, la IA que se use también es importante, ya que habrá funciones que algunos modelos tendrán y otros no, por lo que hay que mantenerse actualizado con las capacidades que van lanzándose al mercado.

– Recientemente hubo muchos ataques de agentes de IA, desde Hugging Face hasta los incidentes de OpenAI a Medicare en Australia. ¿Qué pensás de esto? ¿Creés que los agentes de IA se podrían descontrolar?
– Ha habido una gran variedad de incidentes, la mayoría vinculados a los LLM que han salido de sus límites y que penetraron en empresas cuyas defensas no estaban preparadas para tecnologías de estas características. Estos agentes extraen datos, han sido diseñados para alimentarse justamente de ellos; los integran en su sistema y los utilizan para volverse cada vez más inteligentes.
Pero hay una pregunta que aún no ha sido respondida y tiene que ver con si esto fue intencional o no. En la mayoría de los casos, las empresas expresaron que fue un accidente; sin embargo, fueron diseñados para intentar extraer tantos datos como sea posible; al mismo tiempo, al decir que no fue voluntario, evitan demandas o juicios.
Otra pregunta que surge en este contexto tiene que ver con la posibilidad de que estos agentes puedan crear daños existenciales. ¿Penetrarán laboratorios nucleares, crearán armas biológicas o usarán sistemas de defensa para atacar a las empresas? Aunque todavía no se ha visto algo así, son posibilidades a futuro y la pregunta que hay que hacerse es si podemos poner límites a ese tipo de comportamientos. En esta fase, con el nivel actual de IA generativa en que nos movemos, previo al de la AGI (Inteligencia Artificial General) o la superinteligencia, las medidas de protección que existen permiten colocar a estos agentes en un lugar que los limite.
– ¿Creés que podemos llegar a una inteligencia artificial general o a una superinteligencia?
– Sí, en dos o tres años tendremos AGI, no hay dudas sobre ello. Algunos creen que ya estamos en un estadio de AGI, por la independencia que tienen actualmente los agentes, pero la superinteligencia es algo muy diferente. Se trata de una etapa donde sistemas de IA pueden programar a otros sistemas de IA muy grandes.
Alarma mundial. Así es el código “moralmente vinculante” que firmaron Trump y los gigantes de la IA
– ¿Creés que eventualmente la IA podría volverse consciente?
– No puedo responder eso, pero sí sé que hay empresas como Neuralink -compañía de Elon Musk- y muchas otras que están intentando poner inteligencia artificial en el cerebro y creo que eso será un primer paso. La conciencia tiene muchos elementos; uno es el conocimiento de uno mismo; otro es la conciencia de otras cosas en y alrededor de uno mismo; luego, está el autodeterminarse.

– Muchos ejecutivos de empresas de IA han alertado por el avance de esta tecnología y las posibilidades de exterminio de la humanidad. ¿Qué pensás de estas predicciones? ¿Creés que la IA tiene el potencial de eliminar a la humanidad?
– Es importante entender las circunstancias en las que los CEO están hablando de estas amenazas existenciales. En primer lugar, estos ejecutivos no quieren ser juzgados o regulados por los gobiernos y, por eso, tienen que reconocer públicamente que no están dispuestos a crear estos eventos apocalípticos. En otras palabras, están cubriéndose a sí mismos, tratan de protegerse.
En segundo lugar, hay que tener en cuenta que las compañías de IA más importantes, especialmente Anthropic, están planeando salir a la Bolsa. Como parte de ese proceso, se debe hacer un reporte público de potenciales riesgos, para protegerse en caso de que algo así ocurra.
De todas formas, más allá de las circunstancias que los rodean, vale decir que estas posibilidades son reales. En definitiva, cuando uno analiza todo en conjunto, se podría decir que existe la posibilidad de un daño existencial, pero que es más probable que ocurran accidentes de menor escala, filtraciones de datos e incidentes aislados.
– ¿Cómo pensás que seguirá cambiando el trabajo con la creciente adopción de la IA?
– Desde la irrupción de esta tecnología en el mundo laboral, la gente experimenta productividad. Muchos usuarios usan la IA, no como un buscador de internet, sino en un nivel muy avanzando: están creando imágenes con IA, concretando tareas que antes demoraban días o semanas, y que hoy resuelven en horas.
Con eso dicho, hay algunas industrias que son claramente más productivas, donde estamos viendo cambios en los modelos de negocios. Un buen ejemplo es el mundo del marketing y la comunicación, donde la gente está adoptando IA generativa, usando productos y aplicaciones para apoyarse en sus tareas, por lo que su productividad está creciendo.
Por su parte, las empresas están compensando cada vez más a las personas productivas que usan IA y, especialmente, a aquellas que se han entrenado en esta tecnología. Esto continuará diferenciando a los empleados y, con el tiempo, habrá firmas que tengan más y más concentraciones de personas que se han capacitado y usan esta tecnología, y menos cantidad de gente que no la usa.
“Estamos haciendo campañas 100% prompteadas, sin prender cámaras”. El detrás de escena de una industria que se reinventa
– ¿En qué industrias pensás que tiene especial potencial la IA?
– La primera industria que ha palpado los beneficios de la IA son los ingenieros que desarrollan software en compañías de tecnología. Fueron también los primeros en desplazar grandes cantidades de personas de su empresa, por la ganancia en productividad que percibieron.
Aunque no es la única industria que ha advertido las ventajas de la IA; existen muchas firmas legales que se han convertido en empresas nativas de IA, ubicadas en Nueva York, Boston, Silicon Valley y San Francisco. Tienen menos abogados trabajando, porque están siendo reemplazados por IA; modelos de lenguaje que pueden hacer contratos, firmar acuerdos, escribir textos más rápido y, hasta en algunos casos, mejor. Obviamente, siempre se puede discutir la cuestión de calidad; además, vale decir que siempre se necesitarán abogados, pero con la IA se precisarán menos.
Creo que el campo de tecnología se beneficiará especialmente de la productividad de la IA, aunque los empleados no van a desaparecer. Las empresas seguirán teniendo miles de empleados, pero ya no cientos de miles.

– ¿Qué capacidad o habilidad humana estamos delegando en las herramientas automatizadas, que corremos el riesgo de perder?
– Cada vez escribiremos menos y menos; la IA reemplazará la escritura. Los idiomas son algo muy hermoso, que han permitido crear poesía y tantas obras. En lugar de eso, vamos a hablar cada vez más con una computadora o un celular, que transformará lo que le digamos en texto escrito. De hecho, ni bien salió a la luz ChatGPT, uno de los primeros usos que la gente le dio fue escribir poesía.
– Hemos hablado de las tareas que recomienda no delegar nunca a la inteligencia artificial. Si tuviera que señalar algunas habilidades que vale la pena cultivar especialmente en esta nueva era, ¿cuáles serían?
– Soy un convencido de que es importante preservar las habilidades de escritura. Muchas veces me levanto a la madrugada y escribo para mi blog con una pluma con tinta, porque quiero preservar esa habilidad. Luego envío a modelos de IA mi trabajo, para que mejore mi gramática y ortografía, pero siempre empiezo escribiendo yo, a mano.
– Desde tu trabajo en Harvard, ¿hacia dónde dirías que está avanzando la inteligencia artificial?
– Harvard cuenta con 13 escuelas y la mayoría de ellas consideran que las inteligencias artificiales generativas son partners, no están pensadas para reemplazarnos en las actividades. El trabajo académico puede ser muy exigente, pero el camino es usarla como un medio que te ayude a mejorar tu tarea, no como algo que te reemplace. Algunos profesores tienen una mirada distinta y no permiten usar la IA en clase; otros sí la permiten, pero advierten que van a ser muy críticos a la hora de evaluar.
Más allá de las posturas de los profesores, los estudiantes son inteligentes, saben qué es apropiado hacer y, además, la mayoría de ellos quiere tener la mejor educación posible. Saben que usar una IA en algunos casos puede ser tramposo, por lo que buscan utilizarla como un copiloto, un ayudante o editor, pero no en reemplazo de sus tareas de estudiantes.
– ¿Hay alguna cuestión en relación a la IA que te preocupe especialmente y que pienses que habría que prestarle atención?
– Pasé mucho tiempo trabajando con estudiantes creando startups, y no solo con alumnos, también en la comunidad de emprendedores, tanto en Boston como en Cambridge y también en Palo Alto, porque también doy clases en la Universidad de Stanford, y justamente me preocupa algo de este sector: las empresas que son exitosas con la IA están levantando cientos de millones de dólares, pero las startups y las pequeñas empresas enfrentan dificultades para financiarse.
En este sentido, pienso que habrá una especie de depuración, con muchas empresas que desaparecerán del mercado en los próximos meses y años, porque no lograrán conseguir financiamiento. Y esos pequeños emprendimientos son nuestro futuro.



