
Desaceleración de precios y caída abrupta de actividades productivas. Revés legislativo después de avances con proyectos propios. Impacto del llamativo giro de Javier Milei en el tema Malvinas, acompañado por limitaciones para su uso doméstico. La realidad política y económica asoma contradictoria para los planes del oficialismo, atados sin vueltas al objetivo reeleccionista. Nada es uniforme. Y eso mismo desinfla la estrategia libertaria que busca mostrar éxito permanente y confrontación con algún enemigo. Todo, en blanco o negro.
Se trata de un ejercicio -expresión de su concepción política- extendido a cualquier área de gestión, incluso las más sensibles, como la educación. En ese terreno, tampoco es algo novedoso: al contrario, es tan repetido en el tiempo que suena ingenuo esperar políticas de Estado. Acaba de ocurrir frente a un nuevo informe sobre el deterioro en el rubro educativo, resultado que mezcla serios problemas de arrastre y agudización actual. En rigor, la reacción del oficialismo no fue sorprendente, sino amplificada por el contraste con un antecedente inmediato. En los dos casos, el trazo saliente fue la carga sobre el pasado.
Vale aclararlo: son dos relevamientos cercanos en el tiempo pero diferentes por las franjas de alumnado abarcadas, por metodología y por su alcance. Uno es nacional y otro incluye a la Argentina como parte de un trabajo internacional. Importa el reflejo oficialista. Hace un par de meses, el informe sobre las pruebas locales Aprender fue celebrado por mejoras en lengua y matemática respecto del 2023. El Gobierno lo destacó como un éxito mileista y, por supuesto, en espejo con la etapa de Alberto Fernández y CFK. Esta semana, los resultados de las pruebas PISA mostraron otra vez un grave deterioro a nivel nacional en matemática, lectura y ciencia. Y el mensaje fue responsabilizar a las gestiones anteriores.
Con el mismo simplismo de campaña permanente, y a pesar de cierto agotamiento como recurso discursivo, fue abordado el dato de la inflación de agosto. El IPC anotó un 1,7%. Fue una caída respecto de julio (2,1%) y hay que retroceder hasta junio del año pasado para encontrar un número inferior (1,6%). Otros datos expusieron el impacto de rubros como servicios y la baja en renglones como vestimenta. El IPC Núcleo se mostró más inquietante: se mantuvo en el 1,8%, es decir, igual que el mes anterior.
Por supuesto, el Gobierno celebró el dato del INDEC. Y se sucedieron elogios al ministro Luis Caputo por parte de Milei, de varios funcionarios y de algunos legisladores, además de despliegue en las redes sociales. Eso fue de la mano con el núcleo del discurso más amplio: destacar algún logro insistiendo sobre su significado para remontar la situación dejada por la experiencia peronista/kirchnerista.
Ese recurso expresa un modo básico de la confrontación libertaria. Pero ocurre que en el terreno económico los datos no dan para el relato lineal. Hay blancos, negros y grises. Con un añadido: pueden quedar expuestos con diferencia de pocos días. Antes del esperado índice de precios, la semana había arrancado con informes del INDEC realmente críticos sobre actividad económica. La producción industrial manufacturera registró en julio una baja de 5 puntos porcentuales -respecto del mes anterior y en la medición interanual- y la construcción dejó una postal parecida, en torno del 4,5%.

Frente a esos números, no parece alcanzar con el recurso narrativo según el cual la economía se mueve en diferentes velocidades. Y eso alimenta preocupación interna en el oficialismo, algunas demandas que encuentran respuesta cerrada de Olivos. Por lo pronto, en materia de datos oficiales, el calendario del INDEC incluye para las próximas semanas la difusión de otros informes habituales, desde precios mayoristas a ventas y salarios, además del Estimador Mensual de Actividad Económica. Este mes, para completar, será publicada la información sobre pobreza e indigencia en el primer semestre del año.
El Congreso tampoco aporta un panorama allanado, sin sobresaltos, para el juego del oficialismo. El revés en Diputados con dos temas sensibles -emergencia en discapacidad y morosidad- pintó para LLA un cuadro con trazos inquietantes: después de varios meses, el temario fue a contramano de su voluntad y eso consagró una movida que incluyó, naturalmente, a la oposición dura, pero también a legisladores de espacios dialoguistas, vinculados a jefes provinciales de trato habitual con el Gobierno.
El resultado fue la imposición de fechas concretas para el trámite de los dos temas en comisiones. Se verá cómo sigue. Por lo pronto, el dato significativo resultó ser un quórum sin sobresaltos a pesar de los esfuerzos violetas para evitarlo. Alcanzó para ratificar que el Congreso puede sumar señales buenas, regulares o malas para Olivos. Avances, como el tratamiento de la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central y la segunda entrega de Inocencia Fiscal, a la espera de sesión en el Senado. Complicaciones, como ocurre con el RIGI II y la reforma electoral. Y disgustos, como acaba de ocurrir con endeudamiento familiar y discapacidad.
No es lo único. El Congreso espera ahora el proyecto sobre Malvinas. Según la última versión difundida desde filas libertarias, sería enviado el martes. Y trascendió que, en materia de sanciones, podría ser más amplio que la actividad petrolera. Apuntaría a evitar que la oposición dura busque doblar la apuesta. En cualquier caso, el tratamiento de los proyectos difícilmente exponga posiciones divergentes sobre el reclamo de soberanía. Y ese es un punto central.
El tema de fondo -es decir, la soberanía- no ofrece espacio para la confrontación. No hay enemigo político. En todo caso, puede haber disputa y cruces sobre aspectos prácticos de los proyectos, como el Consejo de Seguridad Nacional, cuyo alcance podrá ser considerado cuando el Gobierno envíe el texto al Congreso. Más claro es que el giro presidencial por Malvinas no domina de manera excluyente el temario público y, menos, cierra la puerta a otros debates.
La búsqueda de contrapuntos en este terreno es difícil. En todo caso, es una prueba a saldar primero con la historia propia. La postal de Pablo Quirno y Carlos Presti en Ushuaia puede ser vista en ese contexto. El canciller y el ministro de Defensa viajaron para mostrar la intención de reanimar -iniciar, prácticamente- la construcción de la Base Naval Integrada. Una obra anunciada en la gestión anterior, sin avances serios en aquel momento y tampoco en lo que va del gobierno mileista.



