Tenía una maestría en Harvard y le tendieron una trampa que le cambió la vida: la historia de Álvaro Martín, la voz de la NBA

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Álvaro Martin se convirtió en la voz de la NBA para Latinoamérica

Álvaro Martín llegó al relato deportivo por una casualidad: una prueba inesperada en una cabina de transmisión cambió el rumbo de un profesional formado en administración y negocios. Hijo de cubanos y nacido en Puerto Rico, había trabajado como consultor especializado en medios tras completar una maestría en Harvard, antes de que le ofrecieran quedarse frente al micrófono. Desde entonces, construyó una carrera que atravesó la NBA, la NFL, IndyCar y hasta torneos de dominó y luchas de sumo coreanas.

En el inicio de una nueva temporada de la NBA, el relator puertorriqueño se prepara para narrar los partidos por Amazon Prime Video. Su trabajo parte de un método que combina archivos acumulados durante años, métricas avanzadas, información sobre cada franquicia y una lectura de las historias que atraviesan a los protagonistas de la liga.

En diálogo con Infobae, Álvaro Martín repasó el vínculo que los jugadores latinoamericanos le dieron a su infancia en Puerto Rico, analizó el impacto de la Generación Dorada y de Manu Ginóbili en Estados Unidos y explicó por qué espera una mayor presencia sudamericana en el sistema de formación que conduce a la NBA y recordó su paso por transmisiones de dominó y sumo coreano.

Álvaro Martín palpitó el inicio de una nueva temporada de la NBA, que lo tendrá como el relator estrella para Latinoamérica

– Tenés un título universitario, maestría en negocios. Pero la fama llegó con el deporte. ¿Cómo nació involucrarte en este ámbito y ser relator?

– Cuando era niño vivía en San Juan de Puerto Rico. El diario en inglés, que era el que publicaba lo que pasaba en la NBA y en la NFL, publicaba los resultados no en la noche siguiente, sino al día siguiente, en dos días. Entonces, empecé a seguir estas ligas. La primera final que vi fue la del año setenta, donde Nueva York, curiosamente, ganó el campeonato, porque había un lazo muy, muy fuerte entre San Juan y Nueva York. Por ahí empezó mi conocimiento de estas ligas. Pero para mí era muy importante porque en aquella época no había latinos en la NBA, era leer un apellido hispano. ¡Uuuh! Eso transformó mi relación con el deporte. Veía un apellido hispano y me petrificaba. Un hispano, un latino jugando en esta liga. De repente había un lazo con esa liga. Lo menciono porque Greivis (Vásquez) es precisamente ese tipo, la encarnación de ese tipo de fenómeno, donde no tienes que ser de su país, o Manu (Ginóbili), en su época. Mucha gente se identificaba con Manu, que no era argentino, porque era Manu y porque también era hispano, te identificabas inmediatamente. Así que para contestar tu pregunta, empezó con un conocimiento general de los deportes, pero mi enchufe vino cuando empecé a seguir a los latinos en ese deporte.

– ¿Y trabajar dentro del deporte?

– Fue accidental, una cuestión totalmente accidental. Yo estaba destinado a hacer otra cosa. Me metieron en una cabina sin conocimientos, sin mi aval, me pusieron a narrar un segmento y después me pidieron que me quedara haciendo eso y la oferta fue muy interesante, y ahí me quedé. Y en aquella época, créelo o no, contrario al día de hoy, estaban buscando personas, no existían personas que se dedicaran a eso. Era muy difícil conseguirlos. Y ahí me quedé con el puesto.

– Relatás NBA, también NFL, IndyCar; pero hasta dominó. ¿Cómo es relatar dominó?

– Es una muy buena pregunta. Todavía estoy tratando de descifrar cómo demonios uno descifra un dominó. Muy difícil, porque tienes que estar primero muy al tanto de cada jugada y la secuencia en la cual se lanzó la ficha, y luego poder analíticamente hacer una especie de examen forense. Una vez que terminó la mano, tú pudiste haber tirado el doble tres y no lo hiciste. Después cerró la puerta tu compañero, el de al lado. Era muy difícil, pero fue muy entretenido. Y tenía al lado mío, créelo o no, mi analista era un comediante, que había jugado dominó, pero el tipo se dedicaba a ser comediante y él me hacía reír como no tienes idea.

Y el otro tema muy importante que quiero destacar, también narré luchas de sumo coreanas, que son distintas a las japonesas. Algún día te explico. Todo menos fútbol. El fútbol lo respeto. Porque me doy cuenta que cualquier pibito de cinco años siente el deporte mejor que yo.

Álvaro Martín explicó cómo fue relatar un torneo de dominó

– En un momento contaste que tenés un extenso archivo sobre cada equipo. ¿Lo seguís teniendo y cómo lo utilizás para tu trabajo?

– La primera sección se llama “En juego”, que es lo que está en juego en cada momento, en cada evento deportivo. Luego una serie de gráficas, métricas avanzadas que comparto con mis analistas. Luego empieza la ficha de temas generales del funcionamiento del equipo. Después entro al propietario, gerente general, asistentes, director técnico, luego por posición. Base/armador, escolta, alero, ala-pivot, pivots. Y luego tengo un tema salarial, una gráfica salarial. Y después tengo una serie de artículos de cada cual, notas acumuladas por el tiempo. Y luego, cuando se retiran, los coloco al fondo, en otro archivo. Archivo al fondo los jugadores retirados por su posición.

– Hace un rato nombraste a Manu Ginóbili. Quiero llevarte también a la generación dorada. A la distancia, ¿qué impacto crees que tuvieron ellos en el básquet y particularmente en la NBA?

– Se hablaba mucho de invasión internacional a la NBA, pero el que para mí estableció esto, que este grupo que se estableció ya no tiene retroceso, fue esa generación dorada. Y fue de un país americano, de las Américas, que le parecía un poquito menos foráneo al estadounidense. Había algo de eso.

Y yo creo que esa es una definición importante. Argentina no amenazaba a Estados Unidos deportivamente. O sea, que no había una especie de prejuicio o un filtro. Y los vieron jugar, la alegría con la que jugaban, la manera en que aceptaban el papel, la manera que se adaptaban para ganar. Eran todos ganadores, competidores, pero ganadores. Yo creo que el estadounidense se dio cuenta, se puso de pie y lo saludó. Chapó.

-¿Ves en el corto plazo algún talento sudamericano que pueda llegar a la NBA o que se pueda asentar?

-En cinco años va a haber un argentino, un colombiano drafteable. No quiere decir que entre, pero va a estar considerado para el draft. Y hay varios que están ya empezando a meterse en el sistema estadounidense, como en jugadores de escuela preparatoria. La clave es por qué no hay más. Esa es la gran pregunta, y eso no tiene mucho que ver con la NBA. Te voy a dar un ejemplo: Greivis Vásquez puede narrar un juego en Amazon. Hay un pibe argentino, una pibita argentina, que realmente a los doce, once o doce años, excede el nivel. Ya él o ella va a poder literalmente mandarle un DM a él: “Mira el video de mi juego, ¿qué te parece?”. Él lo va a ver y decir: “Guau, déjame conectarla o conectarlo con tal”. Eso no existía antes. Y eso va a ayudar mucho. Por eso es que es importante que esté acá.

– En el último tiempo se dio un fenómeno que es que las principales figuras de la NBA no son estadounidenses. ¿A qué le atribuís esto?

-Las aguas tomaron su nivel. El talento no es monopolio de un país. Y en el sentido particular del talento nuevo, la academia europea, la academia serbia, la academia española, son extraordinariamente buenas. La academia francesa, la australiana. Entonces no te extrañe. Te digo otra cosa, viene un oleaje de jugadores africanos que ni tú ni yo sabemos lo que viene en cuanto a cantidad y talento. Ya lo veremos.

A la que yo siempre menciono como insignia en todo esto es Canadá. No tenía cultura de básquet. Trajeron dos equipos. Pasaron veinticinco años. Llegó una migración de extranjeros a Canadá que podían y querían jugar al baloncesto, no querían jugar hockey. ¿Y qué pasó? Los ves ahora. El MVP (Shai Gilgeous-Alexander) de la liga es producto de ese proceso. La clave para nosotros, nuestros países, es que no se desperdicie la Generación Dorada.

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