Pablo Álvarez: “El fútbol te mastica durante 20 años y te escupe a los 35″

0
2

Pablo Álvarez trabaja actualmente como comunicador en televisión

“Yo vivo y respiro fútbol”, resume Pablo Álvarez con una frase que atraviesa toda su historia. Desde chico tuvo un único objetivo: jugar a la pelota y vivir de ella. En el camino, una carrera de 18 años lo llevó por clubes importantes de la Argentina y Europa, con títulos, aprendizajes y compañeros que admiraba desde la televisión. Pero el recorrido también estuvo marcado por las adversidades, dentro y fuera de la cancha. Álvarez habló de la resiliencia que fue construyendo con el tiempo y de la pérdida de la madre de sus hijos, a la que definió como la angustia más grande de su vida. La contención familiar, la de sus amigos y del mundo del fútbol fue clave para atravesar ese duro momento.

En Boca fue un juvenil que tuvo oportunidades en momentos decisivos y ganó títulos. En Estudiantes encontró la continuidad que buscaba, fue campeón y dio el salto a Europa. Después llegaron seis años en Catania (Italia), un paso por Real Zaragoza de España y etapas en Rosario Central, Racing y Huracán. Tras el retiro, se formó como entrenador y director deportivo, trabajó en la representación de futbolistas y hoy encontró en la comunicación un nuevo lugar dentro del fútbol.

El ex defensor habló con Infobae y repasó su carrera, las adversidades que atravesó, el golpe más duro de su vida y su presente como comunicador en Fox Sports. También habló del post-retiro, de la mística del Pincha y de la Selección, una cuenta pendiente en su extensa carrera.

Álvarez surgió en Boca Juniors

– ¿Qué es tu vida hoy, Pablo?

– Me encuentro trabajando a través de la comunicación. Trabajo para Fox Sports, que es un lugar donde me sentí y me siento muy bien. Jamás lo hubiese imaginado, pero reinsertarse en el fútbol no es fácil y encontré la manera de ser feliz a través de esta comunicación. A medida que fui transitando el proceso, quise perfeccionarme e intento hacerlo día a día.

– ¿Alguna vez pensaste en ser entrenador o director deportivo en algún club?

– Cuando me retiré, en diciembre de 2020, durante mis últimos años como profesional me fui dando cuenta de que tenía muchas horas libres. Decidí sumar herramientas para lo que pudiera venir, porque uno siempre se siente identificado con la pelota, y quiere estar cerca de eso. Hice el curso de técnico, que en ese momento duraba dos años, y me recibí de entrenador, aunque todavía seguía en actividad. También hice el curso de director deportivo en la asociación del futbolista, como José Pablo Burtovoy. Siempre sumaba herramientas para lo que podía llegar a venir, pero nunca pensé que las iba a utilizar en la diaria. Después me agarró la Pandemia. Estaba haciendo un curso de coaching deportivo, pero no lo terminé porque era todo virtual y no me terminé de sentir cómodo. De la nada me llamó mi representante de ese momento y me dijo que le encantaría que fuera a trabajar con él, que probara. Yo le dije: “No, Juan (Cruz Oller) ¿te parece? Estuve todos los días, todos estos años, dentro de una cancha de fútbol; meterme en una oficina me parece que me limita un montón”. Me insistió con que fuera a probar y ese probar me llevó a estar casi cuatro o cinco años, hasta que hoy me encuentro en otro rubro y en otro rol. Pero sí te puedo decir que estoy feliz y contento con lo que hago.

– ¿Qué función cumplías en la oficina?

– Un poco de todo. Hacía algo de scouting y seguimiento día a día de los jugadores. Pero tampoco me sentía cómodo. La sociedad cambió, la educación de los chicos cambió, y estas grandes empresas que representan jugadores lo hacen de una manera que, no sé si no comparto, pero no era lo que yo conocí cuando era chico. Todo ese mundo me terminó desgastando un poco.

– ¿Qué es lo que no compartís de una empresa de representación?

– Darles muchas facilidades a estos chicos en todos los aspectos, no solo en lo deportivo, que eso te lo puedo justificar. Pero todas las facilidades que involucran al jugador y a la familia que lo rodea no me terminan de convencer.

– ¿Cómo manejaste el post retiro?

– Lo fui procesando a medida que se iba terminando. Sabía que tenía un tiempo de finalización y en los últimos años se acrecentó ese proceso. También tuve mucha contención de mi familia, sobre todo. Está bueno hacer hincapié en esto porque no todos los chicos tienen la misma cabeza, las mismas herramientas ni la misma capacidad para digerirlo. Los recursos y las necesidades diarias también pueden llevarte a ese malestar, a esa confusión y a transitar mal ese momento. No fue mi caso. Pero tengo muchos amigos y ex compañeros para los que la depresión está muy presente.

– ¿Te fuiste haciendo más fuerte con el correr del tiempo en el fútbol, por todo lo que te pasó en lo personal?

– Sí, la verdad, por todo lo que uno transita en la vida. A nosotros nos preparan toda la vida para ser jugadores de fútbol. O uno se prepara toda la vida para eso. Lo logramos y transitamos una carrera de 18 años, como fue la mía. Desde chico no tenía un plan B. Era solamente jugar a la pelota y poder vivir del fútbol. Después, a medida que te desarrollas en esta actividad, aprendes a convivir con un montón de adversidades. Esa resiliencia constante de afrontar la injusticia y sobreponerte a momentos difíciles te va generando una coraza y también forja tu personalidad. Muchos entrenadores, compañeros y adversidades, no solo deportivas sino también de la vida misma, te van formando. Cuando uno logra conseguirlo, no te preparan nunca para el día después. No hay ningún manual que te diga qué hacer cuando dejas de jugar al fútbol. Durante 20 años te dedicas a lo más alto del rendimiento. El fútbol te mastica durante todo ese tiempo y te escupe a los 35 años, ante una sociedad que te considera completamente joven, pero te termina jubilando a esa edad. En eso influyen tu personalidad, la gente que te rodea y también tu inteligencia para administrarte durante esos años de prosperidad que te da el fútbol, para después poder vivir. No todo el mundo lo puede lograr y por eso aparecen las angustias y los momentos incómodos que atraviesan muchos exfutbolistas.

El ex defensor tuvo un paso por Racing

– ¿La mayor angustia que atravesaste durante tu carrera fue el fallecimiento de la madre de tus hijos?

– Sí, sin ninguna duda. Fue el momento más difícil de mi vida, no sólo en lo deportivo, sino también en lo personal. Pero ellos son el motor que hizo que no me pudiera apagar. La familia, los amigos y las estructuras sólidas que uno tiene. Esos pilares son los que te sostienen para no caerte. Después pude rehacer mi vida con Carolina, mi mujer, y Lolo, un nuevo integrante de esta estructura tan linda, que hace que todo sea mucho más llevadero.

– Después del fallecimiento de la madre de tus hijos, recuerdo un partido en el que salieron tus compañeros y rivales con una camiseta con el nombre de ella. ¿Tuviste mucha contención dentro del mundo del fútbol?

– Sí, recibí mucha solidaridad del fútbol, en ese momento de Rosario Central y de Racing. No puedo ser objetivo cuando hablo de Central porque tengo un cariño personal que va más allá de lo futbolístico. Y la gente de Racing, obviamente, también. No pude devolver dentro de la cancha lo que se esperaba, pero era entendible por lo que uno estaba pasando. La solidaridad del mundo del fútbol hizo que ese dolor también pudiera pasar.

– ¿Cuál fue el mejor momento de tu carrera?

– Creo que cada etapa fue un proceso y un aprendizaje distintos. Si bien en Boca gané títulos importantes, era un chico, un pibito del club y una alternativa para el entrenador. Pero estaba a la altura de las circunstancias, porque ese entrenador pudo contar conmigo en momentos completamente decisivos, y eso empezó a potenciar mi carrera. Después me tocó irme a Estudiantes. Necesitaba continuidad porque ya quería jugar, y Estudiantes me la dio: pude sentirme verdaderamente protagonista y terminé saliendo campeón. Pareciera que todos los pasos que fui dando fueron correctos y siempre en positivo. Estudiantes me abrió la posibilidad de ser el equipo desde el que me vendieron a Europa.

Tener a Diego Simeone como entrenador en ese período hizo que mi adaptación al fútbol italiano fuera rapidísima. El Cholo era un entrenador completamente adelantado a la época. Los trabajos que hacía con él en Estudiantes eran los mismos que empecé a hacer con los entrenadores italianos. Llegué un miércoles, y el sábado siguiente a la noche debuté contra el Inter. Los mecanismos de trabajo eran los que ya conocía de Estudiantes y el entrenador pudo contar rápidamente conmigo.

En Rosario Central integró un recordado equipo dirigido por Eduardo Coudet

– ¿En Italia fue donde más jugaste?

– Sí, en Catania fue el club donde más jugué en toda mi carrera: estuve seis años y disputé más de 200 partidos. Ahí terminé de potenciarme y de formarme como jugador profesional. Era una liga en la que admiraba a jugadores que veía por televisión desde chico como Gianluigi Buffon y Alexander Del Piero, y compartir cancha con muchos de esos monstruos también me potenció. Después tuve un paso muy rápido por España, a préstamo, porque había tenido un problema con un entrenador italiano. Era una liga recontra competitiva, en la que me tocó jugar contra Real Madrid y Barcelona, y en la que también quería ser partícipe. Luego volví al país, a un Rosario Central muy competitivo, peleando dos finales de Copa Argentina, siendo protagonista en la Copa Libertadores y peleando el campeonato local con un gran equipo que quedó identificado con la gente, el equipo de Eduardo Coudet. Después me tocó Racing, donde pasé ese proceso del que hablábamos, y más tarde Huracán, donde volví a sentirme jugador porque empecé a tener la continuidad que no había tenido en Racing por diferentes motivos. En Huracán me agarró ese proceso final en el que empecé a sumar herramientas para lo que podía venir. Hoy me toca estar del otro lado de la televisión, comunicando o comentando partidos.

– ¿Te quedó alguna cuenta pendiente?

– Sí, puede ser jugar en la Selección Argentina. Entendía que quizás no era el momento, porque había jugadores que estaban en un mejor nivel que yo, pero podría ser esa cuenta pendiente. Más allá de eso, me siento orgulloso de la carrera que hice y un privilegiado total por haber podido vivir de lo que amé. Cuando miro hacia atrás, siempre hay que darse una vueltita por el pasado, como decía un gran amigo mío, y mirar por encima del hombro a ese pibe que no tenía plan B y ver lo que logró. Es una satisfacción enorme.

-Jugaste en Boca, Racing, Huracán, Estudiantes y Central, y hoy se discute quién es el quinto o sexto grande. ¿Te parece que se equilibró la competencia entre los denominados grandes y los otros?

– Me parece que Estudiantes de La Plata creció muchísimo, no sólo en títulos, sino también como institución. Creció mucho en infraestructura, tiene un estadio óptimo y moderno, compite constantemente en torneos internacionales y tiene una mística diferente. También me parece que su presidente Juan Sebastián Verón, como estandarte de la familia pincha, habla mucho de ese sentido de pertenencia.

– ¿Cómo definirías la mística de Estudiantes, después de haber estado adentro y consagrarte campeón?

– Es difícil de explicar, porque solamente el jugador que pasó por Estudiantes puede llegar a percibirla y sentirla. Desde el momento en que uno entra al Country de City Bell, desde el muchacho que te abre el portón hasta los utileros y la chica de cocina, es una familia, una comunión. Ese espíritu tan orgánico y natural hace que sea una gran familia que después, inconscientemente, se traslada a lo deportivo.

– ¿No cambió tu forma de vivir el fútbol, aunque ya no seas jugador?

– No. Yo vivo y respiro fútbol, y vivo como un jugador de fútbol. La vida normal también la llevo todo el tiempo a lo futbolístico. No creo que cambie nunca; es algo que viene en el ADN de uno y sería muy difícil pensar de otra manera.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí