Los hermanos Kevin y Luciano Benavides llevaron el motociclismo argentino a la cima del Rally Dakar. En el primer programa de un nuevo ciclo de entrevistas en conjunto entre La Fórmula Podcast conducido por Milagros Hadad y La Fábrica del Podcast, los salteños hablaron sobre cómo fue su formación, los complejos accidentes que atravesaron y su éxito en las competiciones con los títulos mundiales que conquistaron.
Tras cosechar títulos argentinos, sudamericanos y latinoamericanos de enduro, Kevin, el mayor, debutó en el Dakar de 2016, que por entonces se disputaba en Sudamérica. Ganó una etapa en su tercera jornada y terminó cuarto en la clasificación general, una actuación que lo instaló entre los pilotos de referencia y le abrió las puertas de Honda. Su primer título en motos llegó en el Dakar 2021, con Honda, y volvió a ganar en 2023, esta vez sobre una KTM. Con esos triunfos, se convirtió en el primer argentino en conquistar el Dakar en la categoría de motos y en uno de los pocos corredores que lo lograron con dos marcas distintas.
Luciano construyó su recorrido bajo una presión adicional: durante sus primeros años en el rally era identificado como el hermano menor del campeón. Tras ganar el Campeonato Mundial de Rally Raid en 2023, la familia completó su registro en el Dakar cuando el más joven de los Benavides ganó la edición 2026 de motos. De ese modo, los dos hermanos pasaron a ser los únicos argentinos triunfadores en motos.

La trayectoria reciente de los Benavides tomó caminos diferentes después del grave accidente que Kevin sufrió en 2024, durante una preparación para el Desafío Ruta 40. Tras su recuperación, las secuelas en un brazo lo llevaron a dejar las motos y a iniciar su paso a las cuatro ruedas: en el Dakar 2026 consiguió una victoria de etapa en Challenger. Luciano, por su parte, se mantuvo en KTM y apunta a defender su corona en motos en la próxima edición.
“Tuve un accidente grave el 11 de mayo del 2024, que Luciano estaba también ese día ahí. Creo que le tocó la parte más difícil, porque yo no me acuerdo nada, sinceramente. Estábamos entrenando en circuito de motocross, tuve una caída y golpeé la cabeza y aparentemente, perdí obviamente el conocimiento y no sé cómo fue, pero me terminé quebrando el húmero y el codo con quebradura expuesta. Cuando me encontraron yo estaba convulsionando y estaba mal, en serio. Estaba a punto de morir”, contó Kevin durante la entrevista.
En esta misma línea, recordó: “Estuve siete días en coma con respirador y tuve un golpe muy fuerte en la cabeza, se llama lesión axonal difusa, una lesión muy complicada. La parte más difícil fue el golpe en la cabeza. Y después pasó también lo del brazo, que cuando tomé un poco realidad y dimensión, o sea, cuando me desperté y pude razonar dónde estaba, quién era y un montón de cosas… Para mí, en realidad, fue como que me dormí y pasó rapidísimo. Pero cuando me desperté y vi las caras de todos, dije: ‘Mmm… esto fue grave’. Por suerte y gracias a Dios, la lesión esta, que siempre tiene secuelas muy graves, a mí no me quedó prácticamente nada”.

Otro de los momentos más conmovedores de la entrevista llegó cuando explicaron su amor por el deporte. “Poca gente entiende, pero yo creo que es bastante la pasión. La pasión es lo que te mueve al final de siempre volver de una quebradura o de sufrir ese dolor. La pasión no la podés cambiar. Y una vez que experimentaste esa adrenalina que te da el Dakar, esa sensación de estar ahí, esa soledad, pero también a la vez una libertad inmensa en el desierto y la competitividad que tenemos, porque somos ultra mega competitivos, es muy difícil después decir: ‘No, hasta acá llegué’”, argumentó Luciano.
A esto, sumó: “Y de hecho, en el 2023, Kevin ganó el Dakar, yo fui campeón del mundo ese mismo año. Al año siguiente, Kevin tuvo ese accidente durísimo, que para mi familia fue muy jodido, para mí también. A las dos semanas tenía que correr en una fecha del mundial y fui así. Corrí y me rompí la cadera el primer día. Me pusieron placa, estuvimos internados los dos, éramos vecinos de terapia intensiva. De un año que ganamos los dos, hicimos historia en el Dakar, al año siguiente los dos estar en terapia intensiva totalmente destruidos”.
La entrevista completa se puede ver en los canales de YouTube La Fórmula Podcast por Mili Hadad y La Fábrica del Podcast. La charla con los hermanos Benavides inicia un nuevo ciclo de reportajes en conjunto entre ambos programas.
– ¿Cómo fue la recuperación de tu accidente?
– (Kevin) Después de eso fue empezar a ver todo el tema de lo que fue la lesión mía en el brazo. Me quebré miles de huesos, pero nunca me rompió un nervio. Y el nervio es muy distinto. El nervio no es como un hueso que suelda y ya está. Me tuvieron que sacar de otra parte de mi cuerpo para ponerme. Me cambiaron de lugar los cables y de esa manera empecé a recuperar. Si bien el nervio se viene recuperando muy suave, pero cuando a mí me operaron me dijeron: ‘En un año o dos, capaz que empezás a recuperar’. Y mi mano estaba caída. Dije: ‘Pero yo quiero correr el Dakar ahora en enero’. Faltaban ocho meses o siete meses. El nervio radial es el que se encarga de mover la extensión de la muñeca, los dedos, o sea, es prácticamente casi el sesenta por ciento del movimiento del brazo. A mí no me funcionaba la mano, estaba así caída. Por eso me sometí a la cirugía esta de la transferencia tendinosa, para que me cambien los cables y poder tener movimiento de las manos, pero fue difícil.
– ¿Cómo fue el momento en el que ambos estaban en terapia intensiva?
– (Kevin) Me entré a operar y era el primer día de competencia de Luciano y dije: ‘Bueno, cuando me salga la operación voy a preguntar cómo le fue a mi hermano’. Salgo de la operación, que demoró muchísimo. Le pregunto: ‘Y Luciano, ¿cómo le fue?’. Ahí lo traen. ¿Cómo que lo traen? Que se había caído, se había roto la cadera y lo traían en helicóptero a Salta. Me sacaron de la clínica, me pusieron en la habitación y al lado estaba Luciano, en la otra habitación. Hacían un dos por uno, entrabas a un lado y salías, visitabas al otro.
– (Kevin): De un año que ganamos los dos, hicimos historia en el Dakar, al año siguiente los dos estar en terapia intensiva totalmente destruidos. Y decir: ‘¿Para qué vuelven?’. Mi papá me lo preguntó: ‘¿Para qué seguir?’ Si ya ganaste el mundial, tu hermano tiene el Dakar, creo que ya está. Aprendés mucho más del dolor y de ese sufrimiento de una caída, un accidente, o de la misma frustración que te da una carrera cuando no te va bien, que de lo que podés aprender de una victoria. Yo creo que el momento más duro de mi vida fue en 2021, que Kevin ganó el Dakar, yo me rompí el hombro y creo que ese año fue para mí un cambio gigante de cuando estaba en lo más bajo.
– ¿Qué es el Dakar?
– (Luciano) El Dakar es la carrera más dura, extrema y peligrosa del mundo, básicamente. Es para definirlo así en pocas palabras, pero es una carrera de quince días cruzando el desierto sin saber a dónde vas, navegando con una hoja de ruta, improvisando todo el tiempo. No es solo una carrera que te pone al extremo de la parte física, de la parte mental y por eso es la más extrema del mundo, sin duda.
– Lograron algo que logra muy poca gente y lo lograron los dos siendo hermanos. Es una rareza total la historia de ustedes. Son de Salta, muy poca gente también de Argentina llega a correr el Dakar. Cuenten cómo empieza esto en sus vidas.
– (Kevin) Somos de Salta y todavía creo que lo hace más raro aún. Fue muy difícil empezar a abrir esas puertas y empezar a salir afuera. En mis inicios, los dos venimos del enduro, que es una disciplina diferente. Nos fuimos superando muchísimo, compitiendo a nivel local, nacional y después salimos a nivel internacional. Llegó el momento de hacer el paso al rally, que fue en el 2015 y que experimenté por primera vez estar arriba de una moto de rally y ahí es cuando yo dije: “Lo puedo hacer”. Tenía fe. Llegué a mi primer Dakar en 2016. Me marcó muchísimo ese Dakar, porque yo tenía muy poca experiencia y simplemente quería ir y, si terminaba dentro del top veinte, para mí ya era muchísimo. En ese primer Dakar fui el primer argentino en ganar una etapa, en la etapa tres, y terminé cuarto, algo que era realmente impensado para mí. Desde ahí empezó el sueño directo a que se podía. No paré hasta conseguirlo. Pude ganar el Dakar después de varios intentos, algunos fracasos y lo conseguí en el 2021 junto a Honda, con la marca que estaba en ese momento. También lo volví a conseguir en el 2023 junto a KTM. Llevo siete años. Y Luciano lo consiguió este año, en el 2026. Y somos los únicos hermanos en el mundo de ganar el Dakar en la categoría motos.
– ¿Cómo es el recorrido previo a llegar al Dakar? ¿Qué cosas ustedes tuvieron que dejar de lado?
– (Luciano) Hay una parte ahí linda de explicar. Toda la vida corrimos enduro con el apoyo de nuestros padres, que fueron nuestros primeros sponsors. Los que confiaron en un principio, pero también hacíamos de un lado por ahí más como de hobby. Hasta que empezaron a ver que Kevin, sobre todo, empezó a abrir camino y hacerlo de forma profesional, se lo tomaba súper en serio y empezó a abrir un camino. Empezó a competir en carreras internacionales, todo esto de enduro. Hasta que logramos ser pilotos oficiales para KTM Argentina y lograr un apoyo local, con un equipo nacional. Pero de ahí a soñar a decir ‘quiero correr el Dakar’ y pelear por ganarlo, la brecha es inmensa. Podés correr el Dakar como un modo de aventura, decir: ‘Voy a correr el Dakar a terminarlo’, pero otra cosa es decir: ‘Quiero correr para ganarlo’. Es un mundo de diferencia. Y siendo de Salta y siendo de Argentina, llegar a ser piloto oficial de una marca es muy difícil que te fichen. Es prácticamente como entrar a la Fórmula 1. Ahí ya no importa la parte económica, importa lo que podés mostrar arriba de la moto y pasás a ser un empleado de la marca. Pero para llegar a ser eso tenés que demostrar mucho. Siendo de Salta, Argentina, creo que era un sueño casi impensado que teníamos los dos.
– (Kevin) Tenés que estar en el lugar y momento correcto. Tuvimos la oportunidad de que el Dakar se corra en Argentina desde el 2009 hasta el 2018. Eso nos dejó la oportunidad de poder probarnos y de medirnos, para que nos vean equipos de afuera. Y a través también de resultados. Como te digo, el Dakar 2016, que fue el primero mío, terminé cuarto y eso obviamente me abrió la puerta a un equipo oficial. Si no, es muy difícil hoy llegar a un equipo oficial. A través de la puerta que yo pude abrir, también le abrí la puerta a Luciano.
– ¿Cuántos años de trabajo son? ¿Cómo lo laburaste familiarmente? Tus padres ¿a qué se dedican, por ejemplo?
– (Kevin) Mis padres son empresarios de hotelería, estación de servicio y venta de vehículos. Mis padres siempre nos apoyaron en la parte económica, como dijo Luciano, fueron nuestro primer sponsor. Hasta que llegó un momento ya no necesitábamos pedirle más. Porque ya corríamos para la marca, que pagaba todo, los pasajes y todo lo demás. Yo empecé a los tres años a andar en moto, Luciano a los cinco. Y de ahí no dejé nunca de correr y no dejé nunca de soñar y de creer que siempre se podía un poquito más. Pero era lejísimo, de Salta hasta llegar a Europa. Paso a paso fui abriendo puertas.
– ¿Cuántos muertos lleva el Dakar?
– (Kevin) No sé exactamente, pero muchos. Pero más allá de eso, las quebraduras en el Dakar suceden muchas. Durante toda mi vida en el enduro me quebré algunos huesos, pero las lesiones más graves que tuve fueron haciendo rallies. Porque la velocidad que se lleva es muchísimo más alta y con el ingrediente de que vos no conocés por dónde vas a pasar. Vas leyendo un roadmap. Eso lo hace, como decía Luciano, por eso es la carrera más difícil del mundo y la más peligrosa, porque vos no conocés a dónde vas. Y vas a lo más rápido que podés en un desierto. La moto hoy llega a ciento sesenta. Eso es en arena. Si lo pasás a velocidad de ruta, se siente como ir a trescientos.
– ¿Qué desafío se les presentó que jamás hubieran podido prever?
– (Luciano) Yo llegué a este Dakar con una lesión de rodilla, sin el ligamento cruzado y con rotura de hombro también. Y en la parte física llegué al límite. Entonces, eso fue algo que me marcó mucho. Siempre digo que gané gracias a la lesión, porque lo único que podía calcular y pensar era en dar mi cien por ciento cada día y no pensar en estrategia, en comparaciones con los demás. Solamente en dar el cien por ciento en cada etapa. Y eso fue lo que me hizo ganar. Pero por ejemplo, una etapa que tenía la posibilidad de hacer una diferencia muy grande, porque eran dunas. Entonces, en las dunas podés recortar tiempo. Y ese día me vi un poco pasado y quedé enterrado de frente a una duna y totalmente solo en el desierto. No estaba ni el helicóptero ni nadie. Y no pude sacar la moto. Dije: ‘¿Por qué? No me puede pasar esto a mí, a dos días del final de la carrera’. Me puse a cavar en la arena. Y perdí casi cinco minutos. Las pulsaciones a 220. Estaba muerto del cansancio. Y gracias a Dios, llegó un piloto por detrás y le dije: ‘Ayudame, por favor. O sea, estoy peleando el Dakar, estoy ahí’. Y se frenó. Venía más atrás en la clasificación y me ayudó a salir. Pero esas cosas no las podés prever. No podés prever que te vas a enterrar en una duna y perder cinco minutos. Muchas veces vas saltando sin saber lo que hay del otro lado. Entonces, es un riesgo que vas tomando muy alto. Cuando vas recortando tiempo tenés que asumir riesgos muy altos. Y ese día los venía tomando inconscientemente, hasta que cuando pasé una duna muy rápido, me encontré de frente con otra que estaba muy cerca, como en un pozo, y quedé clavado ahí.
– ¿Los miedos pasan antes de la carrera o durante?
– (Luciano y Kevin): Antes, durante y después.
– (Kevin): Creo que están siempre. Tenemos miedos, pero, al final sos vos el que decide si lo dejás entrar o no. Es confiar en el trabajo que uno hace. Es donde más podés poner realmente el foco en lo que estás haciendo en ese momento, en el aquí ahora, básicamente. Es estar psicológicamente fuerte, que es fácil decirlo, pero es difícil hacerlo en ese momento, con las circunstancias, con las presiones de lo que es una competencia. El tema es estar en ese momento y vivirlo y realmente reaccionar y hacerlo. Llevarlo a la práctica.
– ¿Cómo es el navegador?
– (Luciano) Vas leyendo un roadmap, es tu hoja de ruta. Es tu seguro de vida es el roadmap. Saber leerlo bien y saber interpretar también lo que está diciendo. El roadmap puede tener muchas fallas. No está siempre correcto. En realidad, la mayoría de las veces no está correcto. Antes era una hoja de papel. Era un rollo de papel que te lo entregaban antes de largar. Y hoy por hoy ya es digital, es como una especie de tablet que va arriba de la moto, en la parte delantera. Te van poniendo los kilómetros, en cada kilómetro te van poniendo el rumbo. Básicamente, son notas hechas por una persona que dijo: ‘Bueno, en este kilómetro cero largamos y vamos para las dunas a trescientos grados’. Después entrás a una pista sinuosa y es todo un léxico que tenés que aprender para leerlo. Entonces, cometer errores y perderte es lo más común.
– ¿Cómo se ve el entrenamiento cuando no están compitiendo? Uno sabe que no solamente tienen que entrenar su deporte, sino que cuidan su descanso, su sueño, toda la vida alrededor de eso. En el caso de ustedes, ¿cómo se ve un año de entrenamiento?
(Kevin) Y en el Dakar necesitas un año para prepararte para el próximo Dakar. Siempre que terminás uno, ya empezás a prepararte para el siguiente, porque literal es un trabajo de todo el año. Y nosotros, básicamente tenemos una rutina en la cual arrancamos la mañana temprano con gimnasio, con la parte muscular, y después siempre, a la tarde tenemos un segundo turno que es aeróbico, y también hasta un tercer turno por día cuando hacés moto, por ejemplo. Entonces, en un día podés tener hasta tres actividades juntas.
– ¿Cómo se entrena? ¿Cómo se prepara uno mentalmente para un Dakar?
– (Luciano): Después está toda la parte mental. Hacemos un trabajo importante con nuestro psicólogo también. Por más que te entrenés, nunca llegás preparado cien por ciento mentalmente a un Dakar. Aunque creas que estás listo, la parte que hacemos nosotros es mucho la parte de entrenamiento visual, porque cuando vas arriba de la moto no podés mirar la hoja de ruta y mirar al frente, porque cuando hiciste esto así, te comés un peligro y estás fuera de carrera. Entonces, tenés que entrenar mucho la parte de la vista, la memoria, porque tenés que memorizar las notas. Es más de ojo, no tanto de cabeza. Lo practicamos.
– (Kevin) Hacemos entrenamientos que combinamos la parte física con esos entrenamientos de reflejos y de memoria.
– (Luciano) Y el trabajo psicológico que tenemos en carrera todos los días. Todos los días trabajamos con el psicólogo, haciendo un balance y volviendo a poner los pies ahí en la tierra para el día siguiente. Cuando no es en carrera, cada diez, quince días, siempre manteniendo sesiones.
– ¿Cuáles son el tipo de conversaciones que tienen con el psicólogo?
– (Kevin) Vas a preparar una carrera que estás pensando en competir y obviamente empezás a analizar cómo va a ser la competencia, los días que va a tener, cómo la querés enfrentar, el objetivo que tenés para esa carrera en particular. Entonces, siempre hay un plan perfecto, que todos los pilotos lo tenemos. El rally se caracteriza en realidad porque nunca se cumpla lo que vos realmente tenés pensado. Siempre te va a sorprender y siempre va a ser muy cambiante. Entonces, tenés que estar listo para todo y para saber adaptarte y para aceptar también las cosas buenas, las cosas malas, controlar lo que vos podés controlar y no.
– ¿Qué es lo que sienten que más les costó a cada uno a nivel mental? ¿Cuál es el gran desafío de la parte mental? ¿Es afrontar la soledad que tiene ese momento? ¿Es dejar que las inseguridades no te paralicen?
– (Luciano) En mi caso, creo que en este año, que fue mi noveno Dakar y terminé ganando, yo creo que lo más difícil fue enfrentar ese miedo a decir: ‘Soy capaz de hacerlo ante esta lesión que tengo ahora’. En la parte física sabía que estaba un poco limitado y era muy difícil pensar de que podía aspirar al título sabiendo que no estaba a la misma altura que los demás. Entonces, fue todos los días un trabajo de todos los días, de ir día a día enfocándome y sufriendo el dolor, porque el dolor estaba, no era algo que lo podía esconder o anular. Lo anulaba de la forma un poco de decir: ‘Bueno, estoy acá. Vamos kilómetro a kilómetro y sin especular y dando el máximo del físico’. Cuando llega al final del día, quizás sea el final o el tope, pero eso se verá al final. Ahora me enfoco en hacerlo así. Eso fue un desafío que tuve muy grande este año, que lo trabajé con el psicólogo y que más que nada, los últimos tres días, cuando ya empecé a estar en la pelea por el título, era entender un poco la inconsciencia de los riesgos que tomaba, porque sabía que quería ganar la carrera y tomaba riesgos demasiado altos. Y eso me llevó a hacer cosas que si las pensás, por un segundo, decís: ‘No, ¿qué estoy haciendo acá?’ Cuando estás ahí es donde tenés que tomar ese desafío y ir por eso.
– (Kevin) Son más o menos setecientos kilómetros por etapa, más o menos. Un Dakar hemos llegado a hacer hasta mil, fue lo máximo en un día. Tenés una parte que es en carrera y una parte que es en enlace, porque todas las etapas se componen de una parte de enlace y una parte en carrera. La etapa más larga de carrera que hemos hecho ha sido de seiscientos kilómetros, una etapa, y trescientos y pico también de enlace. Entonces, casi unos mil kilómetros. En horas, en total han sido doce horas arriba de la moto.
– Esas doce horas de pensamiento, obviamente que ustedes tienen que estar concentrados, estar atentos al mapa. ¿En qué se piensa? ¿Piensan en ustedes mismos?
– (Luciano) Las dos veces que gané el Dakar, el 21 y el 23, fueron los dos años en los cual no fui pensando en ganar. Obviamente que lo deseaba, pero no pensé en ese momento de estar primero. Directamente iba a no pensar, sino a hacer. Cada día era empezar un día nuevo. Lo que había sucedido ayer ya era parte del pasado y lo único que podía controlar ese día era lo que estaba sucediendo y ni siquiera pensar qué podía pasar en el día siguiente. Iba etapa a etapa, kilómetro a kilómetro. Fue la manera, en la que realmente pude conseguir sortear un montón de dificultades. Algunas veces el ganar en el rally tiene la contrapartida que cuando vos ganás, al otro día tenés que abrir pista. Largás primero y volvés a perder tiempo. El Dakar te va poniendo las dificultades. Y ahí creo que está la clave. Mientras menos perdés tiempo o energías pensando en los demás o en lo que están haciendo, o lo que podría haber sido, lo que puede o lo que puede pasar, creo que ahí radica un poco el por eso estar únicamente enfocado en el momento.
– Me imagino en esas doce horas piensan cosas de la vida cotidiana.
(Luciano): Sí, te pasan un montón de cosas por la cabeza. Muchas cosas por la cabeza. Los enlaces son los tramos que vos decís: ‘Largué a las cuatro de la mañana, salí de noche’. Y vas por ruta. Pero lo hacen yo creo que para sufrir nada más, porque no tiene ninguna explicación. Vos vas del campamento, del paddock, sería, hasta el punto de largada en el desierto. Por ahí tenés doscientos kilómetros o trescientos que vas muerto de frío, de noche, con un límite de velocidad. Y ahí pensás todo. Imaginate a las cuatro de la mañana, de noche, en Arabia Saudita, solo. Decís: ‘¿Qué hago acá?’ .
– Contate una
– (Luciano) Me pasó las mil y una. Aparte ya no sabés qué hacer en los enlaces, porque por ahí me pongo los auriculares… En esos tramos de enlace en ruta podés escuchar. La Fórmula voy a poner ahora. Llega un punto que ya no querés escuchar nada y vas vos con vos mismo y nadie más y pensando. Y con la locura de los árabes que te salen a atropellar.
– (Kevin) Tenés los árabes que están relocos, esos que andan las camionetas blancas, esas cabinas simples. Esos árabes están de la cabeza, digamos. Y no sé por qué de noche tienen juego de apuntarte de frente. Te juro. Vos venís así en la ruta y ellos te apuntan de frente. Y cuando estás cerca ya, vos decís: ‘Bueno, me va a chocar’, se corren. O cuando te pasan te hacen un fino. Te hacen asustar. Algunas veces la parte del enlace es más riesgosa que las etapas de carrera.
– ¿La carrera es medio individual o vos te vas cruzando con gente y vas sabiendo más o menos si vas bien o no?
– (Kevin) Cuando finalizaste una etapa, vos sabés la posición que quedaste ese día y sabés el orden que vas a largar al día siguiente. Entonces, con ese orden, vos igualmente cuando ya largás, podés saber el que va atrás o alcanzás al que va adelante, si vas descontando tiempo. Aunque el tiempo es individual para cada uno y como salen en distinto tiempo, cada uno suma al final del día el tiempo de toda la etapa. Pero vos podés, virtualmente, empezar a hacer cálculos si ya empezaste a alcanzar a alguno o si te alcanzan también de atrás. Por eso viene la estrategia de la carrera, porque no es lo mismo largar primero, que tenés que abrir pista, que largar décimo. El que larga décimo largó a media hora del primero. Entonces, cuando ya pasa, el primero deja una huella y ya tenés nueve huellas más. Entonces, cambia bastante la manera de leer también el terreno. Vos ya sabés dónde están frenando, dónde están acelerando, dónde están saltando. O sea, ves mucho las huellas o el polvo del de adelante. Hay días que te que no te cruzas a nadie. Aunque largues décimo, capaz que no agarrás al de adelante. Pero igualmente, tal vez igualmente fuiste más rápido. Hay etapas muy distintas, etapas muy rápidas, etapas más trabadas, etapas de dunas, de donde también se hacen diferencias grandes, porque en las dunas, el primero que abre en dunas, es el que más tiempo pierde.
– (Luciano) En las dunas, al ser el terreno virgen, no hay huellas ni nada. La primera moto es la primera huella. Entonces, es como ir en una montaña rusa medio con los ojos cerrados, porque vas haciendo todo el tiempo… Muchas dunas no las podés ver el corte y el que viene por detrás ya va siguiendo la línea. Vos ya tenés la referencia de la línea.
– (Kevin) En realidad, tenés que ser muy creativo en el Dakar, porque tenés que imaginarte mucho hacia adelante.
– Vieron lugares en muchos países. ¿Qué escena tienen en la cabeza como una de las más lindas, sacando el momento de ganar el campeonato?
– (Luciano) Eso te pasa en el Dakar casi todos los días, que pasás por lugares que en la vida normal no podrías pasar. Por más que me vaya a hacer turismo a Arabia, no pasaría por ciertos lugares que decís: ‘¡Guau! Qué locura todas estas dunas, estos cañones’. Cuando estás en ese momento no podés apreciarlo o ponerte a disfrutar, porque obviamente vas al límite, con tapones, cien por ciento concentrado. No tenés conexión con nadie. Pero cuando termina la etapa, te bajan todas las emociones, ahí sí pensás y decís: ‘Qué locura por donde acabo de pasar’. Hay lugares donde pasás que no está ni el helicóptero, ni fotógrafo, ni nadie.
– (Kevin) De lo que corremos se debe filmar un cinco por ciento. Es como mucho. Es como muchísimo. Se pierden muchos momentos. Una etapa es 500 o 400 kilómetros. Entonces, tenés millones de lugares por los que pasás, que son lugares muy bonitos y que en ese momento no había ni un helicóptero ni un camarógrafo. No hay nadie. Para la organización es difícil cubrir toda una etapa. Además de que si estuvieran lleno de camarógrafos en toda la etapa, perdería el hecho de lo que es navegación y demás. Entonces, no pueden estar en todos lados. Pueden estar en ciertos sitios. Se pierde muchísimo. Una serie del Dakar sería realmente increíble, porque hay tantas historias para contar. Está la parte nuestra, que es la de estar como piloto factory, de pelear lo más alto del puesto. Pero también tenés pilotos que van atrás con el único objetivo de llegar. Pilotos que han vendido su casa, pilotos que han hecho las mil y una para poder llegar y hacer el Dakar.
– ¿Cuál es el costo económico que tiene el Dakar para que uno pueda correr?
– (Luciano): Depende en qué categoría, pero moto te diría es lo más accesible. Tenés que sí o sí haber clasificado una carrera previa del Campeonato Mundial de Rally, haber terminado para poder ser calificado al Dakar. Pero después, en la parte económica, te diría que cuesta entre la inscripción, el alquiler de una moto con todo unos 100 o 120.
– (Kevin) En la categoría autos es diferente. Ahí es mucho más. Ahí es donde yo me encontré con un mundo completamente distinto al que venía acostumbrado de las motos, pues yo fui durante 10 años piloto factory. Yo competí para Honda, para KTM, y cuando me retiré me pasé a los autos. Lo que yo había hecho en moto, es muy bueno porque me sirve mucho por la lectura del desierto y demás, pero yo no había hecho auto nunca. Entonces, una marca de autos te dice: ‘Bueno, tenés que demostrar para correr’. Literal fue reinventarme y empezar de cero. En vez de elegir quedarme en la casa tirado en el sillón, dije: ‘Yo quiero ir de vuelta a hacer un poco más de historia y hacerlo en los autos”. Me encontré con un mundo completamente diferente. Para poder llegar a estar de vuelta en un asiento factory, corriendo por una marca, tenés que demostrar. ¿Y cómo demostrás? Compitiendo. ¿Pero cómo competís? Yendo con equipo privado. O sea, tenés que pagar para poder correr.
– ¿Qué les enseñó el dolor de las lesiones?
El dolor me enseñó a mostrarme quién era para mí mismo, decir quién soy, qué es lo que me mueve, qué es lo que realmente me gusta y por qué lo estoy haciendo. Y de ahí decir: ‘Bueno, estoy en lo más bajo, ¿quiero salir de acá o me quiero quedar?’ O digo: ‘Bueno, ya está, hasta acá llegué y pasamos a otra cosa’”. Y creo que eso fue lo que tanto yo como Kevin, siempre en los momentos más difíciles, supimos volver con más fuerza. Y creo que al ser hermanos también, siempre teniéndonos al otro, supimos salir gracias al otro también
– (Kevin) También hay que saber que en la vida misma, uno puede estar en lo más alto y después puede estar en lo más bajo también. Y, nos ha pasado a los dos estar en lo más alto de nuestra carrera deportiva y después también estar en lo más bajo, donde vos decís: ‘¿Y cómo salgo de acá?’. Y al final siempre es un paso para adelante. De las caídas yo también aprendí muchísimo y creo que gracias a las caídas llegué a conseguir todo lo que pude en mi carrera deportiva, porque también te hace resiliente y te hace el hecho de querer superarte más. Yo me caía, me rompía algo, obviamente que me dolía, pero más me dolía internamente a mí y porque decía: ‘Yo quiero volver, intentarlo de vuelta y lo voy a hacer mejor’. Obviamente, bastante cabeza dura también puede ser, pero cada lesión que tuve la tomaba como inclusive hasta una carrera misma. Yo quería volver de lo más rápido posible. Si decían: ‘No, para una lesión te demoras seis meses’, yo digo: ‘No, yo lo voy a hacer rápido’. Siempre una carrera contra los médicos. A los médicos les discutía todo. Por ejemplo, yo me quebré el fémur cuando gané el Dakar. Yo estaba en lo más alto de haber ganado el Dakar 2023. Fui a correr en febrero una carrera en Abu Dabi y me quebré el fémur antes de correr. Ahí me sentía que estaba de nuevo en lo más bajo que podía estar. El dolor de fémur fue del… A mí me vio gritar. Es uno de los dolores más fuerte que sentí en mi vida. Ese dolor es fuertísimo. A los dos meses exactos estaba corriendo en México de una operación de fémur, que normalmente te dicen que a los seis meses.
– En auto es distinto, ¿no, Kevin? Pero en moto te pega todo el tiempo, ¿no?
– (Luciano ) La espalda la tenemos bastante tocadita. Yo me rompí mi primer Dakar en Salta, que era la etapa de mi casa, prácticamente. Me decían: ‘Ojo, no te vas a caer acá. Tené cuidado, tené cuidado’. Y yo decía: ‘No, tranquilo, muchachos, estamos todo bien’. Salí a fondo y me rompí cinco vértebras, dorsales y tuve seis meses…
– (Luciano): Fue la famosa etapa diez del Dakar 2018. Fue una etapa que nos marcó a los dos, porque yo la venía ganando y me perdí en un río de Salta, de Belén, en realidad en Catamarca. Perdimos cincuenta minutos. Una locura de tiempo. Cuando regreso al vivac, obviamente con muchísima bronca, entro al motorhome, veo el casco de mi hermano ahí y digo: ‘¿Qué le pasó a este infeliz?’. Y digo: ‘¿Por qué está el casco de Luciano acá?’. Porque encima corríamos en equipos separados. Y ahí me dijeron: ‘No, tu hermano se cayó, lo llevó el helicóptero’. Imaginate que venía siendo un día malo a tener que aguantar que la noticia de mi hermano. Entonces, el Dakar siempre tiene condimentos que te cambian todo y que ni siquiera lo pensás.
– (Luciano): Te pone donde tenés que estar. Creo que el Dakar te va mostrando siempre, te pone donde tenés que estar y te da lo que realmente te merecés en ciertos momentos. Con el psicólogo siempre decimos que el Dakar tiene como una especie de vida y te pone donde tenés que estar. Un día estás en lo más alto y tenés que disfrutarlo por cinco minutos o diez, y pensar de vuelta que al día siguiente puedes estar en lo más bajo.
– (Kevin) En el Dakar 2020, abandono la etapa seis porque se me rompe el motor y me sentía devastado. Venir peleando el Dakar y que se te rompa el motor. Pensaba que era lo peor que me podía pasar en la vida. Al otro día largo, me ponen otro motor y puedo volver a largar desde atrás y fue el día obviamente más duro y más difícil de mi vida, porque se murió un compañero de equipo en el Dakar. El Dakar te va poniendo en situaciones completamente extremas. Yo pensaba el día anterior que lo del motor era… se había acabado mi vida, básicamente. Y al día siguiente, se te muere un compañero de equipo en carrera. Tu problema, que para vos era el mundo, pasó a ser absolutamente nada comparado a lo que estaba sucediendo ese día. El mundo en el que estamos metidos, a los riesgos que estamos, por ahí un problema que para vos es gigante puede ser nada, Comparado a una situación tan grave como la que fue ese día. Jamás se me pasó imaginármelo por la cabeza. Por eso el Dakar te pone en situaciones y en contextos tan variables y tan cambiantes cada día.
– ¿Qué herramienta les sirvió en la vida personal?
– (Kevin) El hecho de confiar, de creer que siempre se puede un poco más. Y el paso a la vez es ir únicamente concentrado, enfocado en lo que estás haciendo en ese momento, en que no se disperse la atención ni para lo que va a poder suceder ni de lo que ya sucedió también, porque como dije, eso ya es parte del pasado. En el Dakar realmente tenés que creer. Primero que podés y que se puede y de que solamente podés controlar ciertas cosas y es en lo único que podés enfocarte. Si tu cabeza empieza a pensar en miles de otras variantes donde perdés realmente todo el foco y donde se te va tu atención, donde se te va realmente tus pensamientos, tu energía y es donde te empezás a drenar todo por lo que vos te preparaste. Lo drenás por ahí sin darte cuenta. Que es lo peor de todo. No te das cuenta, pero al final, cuando analizás por qué sucedieron ciertas cosas, entendés que el motivo tal vez fue que tu cabeza en realidad no estaba en donde tendría que haber estado. Y lo peor de todo, que todo lo aprendés un poco a los golpes. Con el diario el lunes seríamos todos, todos buenos, El rally es así, en un momento podés ganar todo o perder todo. Venimos de estar en Marruecos y yo estaba corriendo en camioneta y venía haciéndolo muy bien. Y en un segundo cambió todo una etapa que veníamos haciendo increíble.
– Hay algo que no entiendo ligado también a la parte psicológica. Hablando de los riesgos. Hay una parte de inconsciencia muy importante, ¿pueden enumerar un poco cuáles son esos riesgos que nosotros no sabemos de los caminos?
– (Luciano) El problema es que el peligro en el desierto es constante. Y por más que tengas una hoja de ruta, como decíamos antes, al no haber pasado nunca por ese camino, cuando vos vas a tu máximo de velocidad en la moto, lo que puede ir en tu capacidad arriba de la moto, lo que controlás, sabés que cuando vas adelante y tenés que tomar riesgo de decir, no sé, vas dentro de un río de piedras que no sabés dónde están si todas las piedras. Y me pasó en este Dakar, que la penúltima etapa tenía que ir a un nivel de inconsciencia sostenido por cuatrocientos kilómetros, que cuando terminé esa etapa tomé tanto riesgo arriba de esas piedras que cuando la llamé a mi mamá le dije: ‘Gracias a Dios no estás arriba mío, no estás desde arriba en la moto’. Iba pasando piedras por arriba, pasando dunas.
– (Kevin) Podés tener inclusive hasta barro, porque aunque no creas, sí llueve en el desierto. Podés tener etapas que tenés barro.
– (Luciano) Lo más peligroso en el Dakar también es cuando vas muy rápido a 150. Hace como que vas en el auto, en la ruta, y vas a 160 y de repente la ruta se levanta un poco por una pequeña ondulación que tiene y no ves que hay del otro lado. Se llama no se ve. En el Dakar es de todos los días. Y vos cuando vas jugándote la carrera sin saber lo que hay del otro lado, a esa velocidad, hay muchas veces no cortás de acelerar. Y es un riesgo 100%, una inconsciencia, porque vos no sabés si del otro lado hay una piedra esperándote, si hay un corte, si pasó una lluvia y dejó un hueco, si hay una planta, un árbol. Cuando vas a ese nivel de riesgo tan alto, los sustos que te pegás durante una etapa son muchos.
– (Kevin) En una etapa buena en el Dakar de motos, por lo menos tenés diez sustos en los que decís: “Uy”. Es si lo hubieras pasado cinco centímetros más a la derecha o a la izquierda, o hubieras caído cinco centímetros más para atrás o para adelante, en ese momento decís: “Uy”, y pasaste.
– ¿En auto también?
– (Kevin) En auto también los tenés, pero la diferencia que tenés en auto es que vos no sos el paragolpes… vas seguro. El otro día tuvimos un accidente y no pasó nada. En la moto vos sabés que ese “uy”, si caes te puede costar hasta la vida. Una quebradura o lo que sea y quedás fuera completamente de carrera. Pero para poder ir rápido en una etapa en el Dakar tenés que arriesgar y no tenés que estar 100% racional.
– Hace un tiempito en La Fábrica entrevistamos al jefe de la Fuerza Aérea y él nos dijo que cada piloto está preparado psicológicamente para morir. ¿Ustedes hicieron esa preparación psicológica o tratan de no pensar o no lo laburan?
– (Luciano) No. Tan así, obviamente, que no lo pensamos. Pero yo sé que si me pasa algo así mientras estoy arriba de una moto, al final estoy haciendo lo que me gusta. Eso también lo tiene claro cuando corríamos juntos con Kevin. Decís: ‘Bueno, sabemos que pase lo que nos pase, estamos haciendo lo que nos gusta’, y nuestra familia también lo entiende así. Lo sufren, por supuesto, pero al final es la elección de cada uno.
– Pero con Mili sabemos que viniendo al pódcast no nos vamos a morir.
– (Kevin) Bueno, pero el riesgo lo tenés en todos lados, cruzando la calle, si querés también. Si lo querés ver de otra manera, al final decís: “Bueno, el riesgo está, el riesgo está siempre”. Es una cuestión de cómo lo ves también.
– ¿A qué edad se retira?
– (Luciano) En las motos más temprano. En las motos. En las motos es el límite. Treinta y pico de años.
– ¿Pensaron en qué viene después y cómo encontrar un lugar donde canalizar?
– (Kevin) Los autos.
– (Luciano) En los autos puedes seguir bastante. Varios años.
– (Kevin) Está Carlos Sainz, que es el padre de Carlos Sainz Jr. Y él tiene sesenta y tres años y sigue siendo un piloto rápido en los autos. En el auto la brecha es bastante más grande. En las motos sí, tenés una edad de treinta y pico, cuarenta. Mi compañero que contaba tenía cuarenta años. El límite es el físico también. A Luciano todavía le quedan un par de años más. Yo con los autos no sé. De ahí es una cuestión de ver ¿realmente querés pasarte toda tu vida compitiendo? Nosotros hace diez años que no sabemos lo que es Navidad o Año Nuevo, básicamente, porque siempre pasamos Navidad y al día siguiente viajamos hacia Arabia o donde es el Dakar. Este año, por ejemplo, largó el dos o el tres, pero el 27 el Dakar larga el primero de enero. O sea, el primero estamos corriendo. Entonces ni siquiera es que festejás Año Nuevo.
– ¿Cuál sienten que es el costo más alto que tuvieron que pagar por dedicarse a esto? Pasar poco tiempo con la familia, perderse fechas importantes. ¿Hay alguno que realmente que lo sufran o entienden que es parte del juego que aceptaron jugar?
– (Luciano) Yo creo que en un futuro nos vamos a acordar bastante. La vejez quizás no sea la más linda en nuestro cuerpo. Más allá de los huesos rotos que tenemos, todas las lesiones, en la moto sufrís mucho todos los impactos, lo que te decía, en las dunas y demás, y el cuerpo sufre demasiado. Y creo que ese es un costo que pagamos de decir: ‘Llevamos el cuerpo al límite y el día de mañana nos va a pasar factura’. El día de mañana ya veremos cómo nos recuperamos. Lo demás es perder muchas partes de tu vida cotidiana, de momentos familiares, de cuestiones sociales y cosas que perdés. Al final es, es una elección y lo hacemos porque es la pasión, nos gusta.
– (Kevin) Como toda la vida, todo es una cuestión de elección. Sí me lo acuerdo cuando empecé a tomármelo más en serio, cuando tenía quince años y empecé a pensarlo como algo más profesional. En esa época estaban las fiestas de quince y estás en el colegio, y yo no iba a las fiestas o no salía un fin de semana con mis amigos porque tenía que correr al día siguiente. Y ahí empecé a hacer ya las elecciones de decir: ‘Renuncio a esto, pero porque quiero esto’ Y no me obligaba nadie. No es que me obligaba ni mi papá, ni mi mamá, nadie me obligaba, es porque yo lo quería hacer.
– La pasión está bien paga, no económicamente. Me refiero a hacer lo que uno sueña, lo que le gusta.
– (Kevin) A mí siempre en familia me puso un par de reglas más que a Luciano. Como Luciano era el menor, ya aflojaron un poquito. Yo abrí el camino y claro, pero conmigo fueron un poco más duros. Yo en el colegio siempre lo hice bien y de hecho yo me recibí, soy licenciado en Administración de Empresas, que lo hice en paralelo a mi carrera en ese momento. Yo estudié y me recibí y después seguí compitiendo. No fue un impedimento para mí. O sea, se puede, todo se puede. El sueño más grande fue escuchar el himno argentino, hacerlo sonar y sucedió la primera vez en el 2021. Y realmente ese momento fue el que había pensado durante muchísimos años. Escuchar el himno argentino en lo más alto del deporte mundial en nuestra disciplina. Entonces, cumplir tus sueños también tiene la parte que te paga vos mismo. Lo hice, lo cumplí y me pagó. Es algo muy reconfortante.
– Y aparte poderlo compartir con tu hermano, que eso es lo más grande de todo.
– (Luciano: El Dakar me llevó nueve años ganarlo. O sea, hace nueve años que sueño con poder estar en el podio, de verlo también a Kevin. Se me hizo muy difícil, muy cuesta arriba. Y este año lo logré de manera dramática, encima con dos segundos. Y Kevin estaba en la llegada, estaba mi papá y para mí fue… Ahí fue donde me di cuenta que todo valió la pena, porque realmente logré mi sueño más grande, compartirlo ahí con mi familia, con mi equipo. De esa manera, así tan épica, bien a lo argentino, a último momento, creyendo hasta el final. De hecho, me lo tatué. Me tatué el tiempo que hice, cuarenta y nueve y los nueve Dakar que intenté hasta ganarlo.
– (Kevin) Encima me cagó el récord. Vamos a decir una cosa. Yo tenía el récord de haber ganado el Dakar por cuarenta y tres segundos. Dije: “Ya está, listo, no va a ganar nadie por menos de un minuto. El récord es mío”. Y viene y me lo quitó el señor. Lo ganó por dos segundos. Pero bueno, somos los únicos en toda la historia del Dakar de ganar el Dakar por menos de un minuto.
– ¿Qué es lo que más admiran del otro?
– (Luciano) Que comience él. Es el mayor.
– (Kevin) La verdad, estoy muy orgulloso de Luciano. Demostró por qué él podía estar en el equipo oficial, y no fue fácil para él. Tuvo que lucharlo muchísimo, con trabajo y esfuerzo. Demostró por qué tenía ese lugar y no solo eso, fue y también consiguió un Dakar. Para mí, como hermano mayor, realmente me siento… Cuando él consiguió la victoria, este Dakar, que encima yo pude estar ahí presente, sé lo que cuesta ganar uno, sé lo que también se entrenó, sé lo que se sacrificó y creo que hizo un cambio también, una maduración gigante. Como hermano, creo que es el sentimiento más grande y más lindo de poder saber que también vos fuiste parte de todo ese proceso que él también vivió, porque creo que le abrí el camino mucho para él, pero que él se lo supo ganar por sí solo. Acompañamos todo, pero el Dakar, el que arriesgó, el que estuvo luchándolo hasta el último momento fue él. Y realmente por eso, me pone muy feliz por ese gran título que consiguió y compartirlo como hermanos. Decir: somos los únicos dos hermanos en el mundo en haber ganado en motos. Es un hito histórico. Somos de Salta, de Argentina, hacia el mundo.



